Buenos días,
-Embajador rabino Yehuda Kaploun, Enviado Especial de Estados Unidos para el Monitoreo y la Lucha contra el Antisemitismo,
Señor Shay Salamon, Director Ejecutivo para América Latina del Movimiento para el Combate del Antisemitismo (CAM),
-Queridos delegados que nos acompañan de toda la región latinoamericana,
-Apreciados compatriotas dominicanos que se suman a esta importante iniciativa,
Amigos todos,
Hace apenas unos días, asumimos como ministro de Relaciones Exteriores, honor que me ha conferido el presidente Luis Abinader. Como es lógico, al momento de esta transición, nos encontramos con varios compromisos de agenda pendientes de confirmación, posposición o en todo caso, delegación. Es en este contexto de análisis de agenda que recibí la llamada el pasado martes del embajador José Singer, quien me pone al tanto de este foro.
Confieso que recibí la noticia con especial entusiasmo y le respondí: “Señor embajador, usted le está predicando al coro”. La lucha contra el antisemitismo es una causa con la que hemos estado firmemente comprometidos desde mucho antes de asumir esta responsabilidad y que seguirá encontrando en nosotros una voz firme.
Tal y como expresó ayer el presidente Luis Abinader, para la República Dominicana la celebración de este foro trasciende lo protocolar. Es un encuentro que nos llena de orgullo y reafirma nuestro compromiso con la dignidad humana y nuestra solidaridad con un pueblo que cuya historia nos convoca a la memoria y su resiliencia continúa siendo fuente de inspiración.
Hace 88 años, cuando el régimen nazi llevaba a cabo una de las más terribles persecuciones de la historia y tantos países cerraban sus puertas a quienes huían en busca de preservar sus vidas, la República Dominicana abrió las suyas. Hoy, a casi un siglo de aquel capítulo histórico, y en momentos en que sectores extremistas persisten en promover discursos de odio y antisemitismo, los dominicanos decimos una vez más que el pueblo judío puede contar con nosotros: con nuestro Gobierno, con nuestro país y con nuestra gente.
Anoche, por instrucción directa del presidente Abinader, escuchada por todos ustedes, la Cancillería anunció la adhesión formal a la definición de trabajo sobre antisemitismo adoptada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto. Esto es un marco de referencia fundamental para poder combatir de manera más efectiva cualquier manifestación de odio dirigida al hostigamiento de las comunidades judías.
Es frecuente que, al conocer la historia del Holocausto, las nuevas generaciones se pregunten cómo fue posible llegar a uno de los capítulos más dolorosos de la humanidad. Se preguntan, con justa razón, cómo buena parte del mundo pudo permanecer indiferente mientras comunidades enteras eran progresivamente deshumanizadas, hasta el punto de que sus propias vidas dejaron de ser consideradas dignas de protección.
La respuesta a esa pregunta debe ocuparnos especialmente hoy. Porque el Holocausto no comenzó con los campos de exterminio, inició mucho antes con prejuicios, la construcción de un enemigo imaginario, la normalización de la discriminación y, sobre todo, con la indiferencia de quienes pudieron advertir lo que estaba pasando.
Por eso, combatir al antisemitismo no puede limitarse a condenar sus expresiones más extremas cuando ya han llegado a sus últimas consecuencias.
Significa confrontar el odio cuando aparece en su forma más cotidiana, rechazar la deshumanización cuando se disfraza de opinión y alzar la voz cuando corresponde.
La historia nos enseña que cuando se permite que una sociedad sea perseguida, no solo se está poniendo en peligro a esa comunidad sino que se están debilitando los fundamentos mismos sobre los cuales descansa la convivencia democrática.
Sobre esto conversaba ayer con el embajador Kaploun cuando tuve el honor de recibirlo en la Cancillería. Ambos coincidimos en que esta es también la lucha por los cristianos perseguidos en Nigeria, de los uigures en Asia y todo aquel que ha sido perseguido por razones étnicas.
Y por eso mismo es que este foro importa. No hemos venido aquí a recordar sino a asumir responsabilidades, aprendiendo de la historia pero para convertir esas reflexiones en acciones concretas; para contribuir a que las nuevas generaciones no hereden los prejuicios del pasado, instándolos a asumir la determinación de impedir que vuelvan a repetirse.
República Dominicana conoce el valor de abrir las puertas cuando otros las cierran. Lo hicimos en 1938 cuando nos ofrecimos como refugio para los judíos que huían de la persecución nazi y lo hacemos hoy para ratificar que nuestra nación jamás será indiferente.
Por eso, queremos que nuestro mensaje sea inequívoco. No aceptamos el antisemitismo, no lo normalizaremos y nunca seremos indiferentes ante él.
Queridos delegados, es para mí un honor darles la más cordial bienvenida a Santo Domingo. El país se regocija al ser punto de encuentro para las importantes discusiones que aquí se tendrán y les deseamos una jornada sustanciosa estos días.
Creo precisa la ocasión para recordar el libro de Rut, que es el que mejor recoge el sentir los dominicanos en relación a los judíos cuando nos dice:
“No me pidas que me vaya, que donde tú vayas yo iré. Donde tú mores, yo moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios”
Que así sea.
Muchas gracias y bendiciones a todos.












