Situación en Haití
Intervención del ministro de Relaciones Exteriores de República Dominicana
20 de julio de 2026
Señora presidente,
Señor Carlos Ruiz Massieu, representante especial del secretario general de las Naciones Unidas en Haití.
Señora Monica Juma, directora ejecutiva de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
Señora Vanessa Frazier, representante Especial del Secretario General de la ONU para la Cuestión de los Niños y los Conflictos Armados
Señora Raina Forbin, ministra de Relaciones Exteriores y Culto de Haití.
Distinguidos miembros del Consejo
Felicitamos a la República Democrática del Congo por la conducción de los trabajos del Consejo durante este mes y agradecemos a todos los expositores por sus valiosos informes.
A casi un año de la adopción de la resolución 2793 y a pocas semanas de que este Consejo deba pronunciarse sobre su renovación, ha llegado el momento de hacer un balance. Un balance que no debe medir únicamente lo que hemos construido, sino, sobre todo, lo que aún debemos hacer para que la sociedad haitiana pueda comenzar a recuperar una vida normal.
Este balance debe reconocer dos realidades.
La primera es alentadora.
Hace apenas un año, la comunidad internacional debatía cuál era el instrumento más adecuado para apoyar la recuperación de la seguridad en Haití. Ese debate ha quedado atrás. El país cuenta con una Fuerza de Supresión de Bandas, una Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas plenamente establecida, una estructura de mando en funcionamiento y operaciones que comienzan a producir resultados.
Los avances logrados merecen el reconocimiento de este Consejo. Corresponde agradecer, en particular, a Estados Unidos por el liderazgo ejercido en esta iniciativa, así como a Canadá y a los demás Estados que han contribuido con sus esfuerzos, recursos y apoyo logístico para hacerla posible. Expresamos igualmente un reconocimiento especial a los países que han aportado lo más valioso: sus hombres y mujeres desplegados sobre el terreno, cuyo compromiso constituye una demostración concreta de solidaridad con Haití.
Pero existe una segunda realidad.
La Fuerza fue autorizada para contar con hasta 5,550 efectivos. Sin embargo, hasta ahora solo poco más de mil se encuentran en Haití.
Esa diferencia representa el principal desafío para el éxito de la misión.
Tenemos tropas comprometidas, recursos para sostenerlas y una estructura de mando en funcionamiento. El obstáculo más importante para su despliegue sigue siendo de naturaleza logística: la limitada disponibilidad de transporte aéreo estratégico para trasladar con rapidez los contingentes y los equipos ya comprometidos.
No debería un obstáculo de naturaleza puramente logística interponerse entre la comunidad internacional y la protección de todo un pueblo.
Por ello, hacemos un llamado a los Estados Miembros que disponen de esa capacidad para que la pongan al servicio de esta misión. Bastarían unas pocas decisiones para acelerar significativamente la llegada de los efectivos y de sus equipos.
Distinguidos representantes,
La urgencia tiene también una explicación estratégica.
El tiempo no juega a favor de Haití.
Cada semana de retraso permite a las bandas criminales consolidar su control territorial, ampliar sus fuentes de financiamiento, perfeccionar su capacidad operativa y reclutar nuevos integrantes, muchos de ellos niños, que sufren tremendamente, como ha sido señalado gráficamente hoy en esta sesión.
Completar la Fuerza no es únicamente una prioridad operativa; es la condición indispensable para comenzar a revertir la dinámica actual.
La seguridad también resulta esencial para la transición política.
República Dominicana desea ver a Haití celebrar elecciones libres, inclusivas y creíbles. Pero debemos reconocer una realidad evidente: no serán las elecciones las que producirán la seguridad; será la seguridad la que hará posible las elecciones.
Ese entorno seguro es el puente indispensable entre la transición política y la legitimidad democrática.
Mientras amplias zonas del país permanezcan bajo control de las bandas, si bien reducidas como ha señalado la ministra Forbin, difícilmente podrán existir las condiciones necesarias para un proceso electoral plenamente libre y representativo.
Señora Presidente,
La recuperación de la seguridad, sin embargo, no bastará por sí sola.
Será necesario continuar fortaleciendo la Policía Nacional Haitiana, el sistema judicial y los programas de desarme, desmovilización y reintegración, así como combatir con mayor eficacia el tráfico ilícito de armas y el financiamiento de las organizaciones criminales.
Ese esfuerzo debe complementarse con una aplicación más efectiva del régimen de sanciones establecido por la resolución 2653 de este Consejo. Dicho régimen fue concebido no solo para sancionar a los cabecillas de las organizaciones criminales, sino también a quienes las financian, facilitan el tráfico de armas, lavan los recursos provenientes de sus actividades ilícitas o les brindan apoyo material o político. Hasta ahora, su aplicación ha recaído principalmente sobre un número muy reducido de líderes criminales, mientras quienes financian, facilitan o se benefician de las actividades de esas organizaciones continúan, en gran medida, fuera del alcance de ese régimen. Debemos utilizar plenamente este instrumento para identificar y sancionar también a quienes sostienen y hacen posible el funcionamiento de esas organizaciones criminales. Romper esas redes de apoyo constituye una condición indispensable para lograr una paz duradera en Haití.
Coincidiremos plenamente con el llamado de la directora general de UNODC, Monica Juma, desarrollar también una estrategia regional para combatir las redes criminales trasnacionales que operan en coordinación con las pantallas haitianas.
La crisis no puede enfrentarse únicamente dentro de Haití, es indispensable desarticular también las redes regionales que alimentan y sostienen a estas organizaciones criminales.
Reconocemos los esfuerzos que viene realizando el Gobierno haitiano para fortalecer sus instituciones, entre ellos la incorporación de nuevos efectivos a la Policía Nacional, la formación de personal de seguridad y la creación de unidades judiciales especializadas para enfrentar los crímenes más graves.
Estos pasos demuestran que, paralelamente al apoyo internacional, Haití también asume su responsabilidad en la reconstrucción de las capacidades del Estado.
Una fuerza internacional puede ayudar a recuperar el territorio; solamente instituciones haitianas sólidas podrán conservarlo de manera permanente.
República Dominicana continuará haciendo su parte. Seguiremos cooperando con las Naciones Unidas, respaldando a la Fuerza de Supresión de Bandas, reforzando el combate al tráfico ilícito de armas y contribuyendo, dentro de nuestras posibilidades, a la estabilización de nuestro país vecino.
Señora Presidente,
Dentro de pocas semanas este Consejo deberá pronunciarse sobre la renovación del mandato de la Fuerza y de la Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas.
República Dominicana respalda plenamente esa renovación.
Pero prolongar el mandato no bastará si no aprovechamos la ocasión para superar los obstáculos que todavía impiden a la Fuerza alcanzar la capacidad prevista.
Renovarlo sin cerrar esa brecha equivaldría a mantener una promesa sin cumplirla.
Existe una verdadera ventana de oportunidad, como ha sido ampliamente señalado en la mañana de hoy.
Pocas veces han coincidido una Fuerza internacional en proceso de expansión, una estructura de apoyo de las Naciones Unidas plenamente operativa, recursos disponibles, un renovado compromiso internacional y avances institucionales en Haití.
Esa oportunidad no permanecerá abierta indefinidamente. Nuestra responsabilidad colectiva es aprovecharla mientras siga abierta.
Durante los últimos cuatro años, este Consejo ha adoptado decisiones importantes respecto de Haití. Ya no necesitamos una nueva estrategia. Necesitamos ejecutar plenamente la que hemos construido.
Ello supone completar el despliegue de la Fuerza, reforzar el embargo de armas, aplicar plenamente el régimen de sanciones establecido por este Consejo y continuar fortaleciendo las instituciones haitianas.
El pueblo haitiano ha demostrado una resiliencia extraordinaria. Después de tantos años de sufrimiento, no necesita que aprobemos una resolución más. Necesita que las decisiones ya adoptadas por este Consejo produzcan, por fin, la paz, la seguridad y la esperanza que durante tanto tiempo le han sido esquivas.
Esa es, en definitiva, la responsabilidad histórica que hoy compartimos.
Muchas gracias.











